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Mitología

Griega

 

La creación del hombre y la aparición de los males

en el mundo.

 

 

Sobre el origen del hombre, dice la fábula que Japet o Yapeto,

uno de los cuatro titanes, tuvo de su matrimonio con Climene

dos hijos llamados Prometeo y Epimeteo.

 

El primero, que era la personificación de la prudencia y de la

sabiduría, modeló con arcilla la figura de un hombre al que 

solamente faltaba el soplo animador de la vida.

 

La diosa Minerva, admirada de tan perfecta y bella obra, se de-

cidió a contribuir a su realización total, a cuyo efecto trasportó

a su artífice al Olimpo, donde todos los seres estaban animados

por el fuego divino, y aprovechándose de un descuido de Júpiter,

le robó una chispa y con ella descendió rápidamente a la tierra

para dar vida a la figura por él modelada.

 

La osadía de Prometeo irritó al rey del Cielo, quien para contra-

rrestar su obra, ordena a Vulcano que modele la estatua de una

mujer que llamaron Pandora, a la que todas las divinidades col-

maron de presentes y dotaron de una prodigiosa y sin par belle-

za.

 

Esta primera mujer recibió la misión divina de bajar a la tierra

para entregar a Prometeo un cofre que contenía todos los males

que debían esparcirse por ella en cuanto se abriera.

 

Mas el prudente Prometeo, desconfiando de este obsequio que tan

generosa y desinteresadamente le enviaban los dioses, se negó a

aceptarlo; no así su hermano Epimeteo, que deslumbrado por la

singular hermosura de aquella virgen mensajera, se casó con ella.

 

Dejándose arrastrar por la curiosidad, abrió un día el cofre fatal

y todos los males y desgracias que desde entonces han afligido y

afligen a la humanidad, se diseminaron inmediata mente por la

tierra; excepto la Esperanza, que para consuelo de los mortales

quedaba adentro cuando el curioso se dio cuenta de su fatal deci-

sión y trató de aminorar sus efectos, cerrándolo inmediatamente.

 

En castigo a su audacia por querer igualarse con los dioses al 

decidirse a crear al hombre, Júpiter ordenó que su autor fuera

encadenado en la cima más alta del Cáucaso, para que un buitre

le royera constantemente las entrañas, que día a día y para au-

mentar el martirio, se volvían a reproducir, hasta que treinta

años después fue libertado por Hércules, el más grande de los

héroes y guerreros griegos.

 

 

 

Grecia y Roma, Dioses

Gonzalo Fernández de León

Editorial SEA - Bs. As. 

 

 

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